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Segundo cerebro

La asombrosa conexión entre lo mental y lo digestivo

cuerpo-menteLa verdad es que sabemos tan poco todavía sobre la conexión de la mente y el cuerpo que aun, a día de hoy, nos maravillamos con las miles de interacciones químicas y físicas de nuestro organismo. La Neurogastroenterología, ciencia de la medicina que estudia la función digestiva, nos alerta de que una parte importante de los pacientes que acuden a un especialista de digestivo presentan síntomas idiopáticos, sin causa detectables o conocidas, lo que se define como enfermedades funcionales. Nervios, ansiedad, estrés… se manifiestan desde nuestros primeros momentos de vida extrauterina mediante llantos y los llamados cólicos del lactante, o el “me duele la tripa” que dicen los niños cuando están inquietos. O incluso, ya de mayores ¿Quién no ha sentido esto? Todos hemos vivido la relación entre el miedo y el intestino.

 

Muchos más que unas tuberías de desagüe

En la actualidad, los científicos, saben que el intestino no es una mera cañería o un masijo de tuberías, sino, que es una gran obra maestra que contiene más de cien mil millones de neuronas, casi tantas como el cerebro mental. «La red nerviosa intestinal está dirigida por un pequeño número de ”neuronas comandantes” que reciben órdenes básicas del cerebro y las redirigen a los millones de neuronas que se extienden a través de las dos redes nerviosas propias del intestino. La actividad inmunitaria del intestino se puede considerar el mayor órgano del sistema de defensas».

Esta red de células permite mantener un estrecho contacto entre el sistema digestivo y el cerebro, a través de los nervios vagos, informando de todo lo que transita por el primero. A esto lo llamamos«sistema nervioso entérico», y permite que el intrincado proceso de la digestión se controle totalmente allí mismo, sin la continua supervisión del cerebro alojado en nuestro cráneo. En el sistema digestivo sucede algo mucho más allá que la mera digestión. Las hormonas tienen una intricada tarea en esto. Veamos…

 

Las hormonas tienen mucho que decirnos

Vamos ha hablar de las que más se están estudiado en este momento, que son el péptido GLP1, que disminuye los niveles de glucosa en sangre y favorece la contracción del estómago; la coleocistoquinina (CCK), que reprime el apetito cuando detecta grasas o proteínas en los alimentos; la bombesina, que reduce la ingesta; o la grelina, también conocida como “hormona del hambre”.  Esta última ganó popularidad en los últimos años tras descubrir que su liberación no solo aumenta el apetito, sino que además reduce el gasto energético, y favorece tanto la formación de nueva aglomeración de grasa, provocando la ganancia de peso. Por ello se pensó que “manipulando” está hormona se podría tratar la obesidad. Pero no fue el caso, ya que la obesidad, es una patología aun, más complicada de lo que la gente piensa y aun se está estudiando arduamente los procesos hormonales, pero ya se conoce muchas cosas.

serotoninaSe sabe que los niveles de grelina aumentan bruscamente antes de cada comida y caen inmediatamente después. Para colmo, en algunos individuos obesos se ha detectado que la concentración de la hormona no varía cuando comen ni cuando dejan de hacerlo, lo que explicaría por qué en ningún momento se sienten saciados. Otro de los cometidos de la grelina, según revelan recientes investigaciones, es activar el hipocampo, una región cerebral relacionada con el aprendizaje y la memoria.

Otro estudio sugiere que las decisiones tomadas por hombres una hora después de haber comido son más conservadoras en los juegos de azar con apuestas.  Es decir, que si los niveles de esta hormona son altos, sentimos hambre, y entonces estamos más dispuestos a asumir riesgos para obtener lo que queremos. El poder de esta hormona es tan decisivo que incluso las personas a las que les inyectas grelina recuerdan más claramente fotos de comida un día después de la inyección.

Otro gran hallazgo, es que encontramos mayores concentraciones de serotonina en los intestinos que en el cerebro. La serotonina es uno de nuestros neurotransmisores, e influye decididamente en nuestro estado de ánimo, tal y como explica el neurobiólogo Michael Gershon en su libro El segundo cerebro. Concretamente, el 95% de toda la serotonina que corre por nuestro cuerpo se halla en el intestino.

 

Más estudios sobre lo que sucede en nuestro estómago y el comportamiento humano

Otra conexión entre el cerebro y el estómago que conviene tener en cuenta es que, según publicaba hace poco la revista Science, mostramos un comportamiento más agresivo cuando tenemos el estómago vacío. Una de las razones es que la dieta es la principal fuente de triptófano, un aminoácido necesario para que el cuerpo produzca uno de los neurotransmisores que controlan las emociones a nivel cerebral, la serotonina. Y, por lo tanto, el triptófano y la serotoninabajan en cantidades cuando no se come, incrementando la agresividad y el sentimiento de ira.

Nuestro cerebro se comunica con este segundo cerebro a través del llamado nervio vago (en realidad, un ramillete de nervios que envían señales entre el cerebro y las vísceras). Gershon señala algo inquietante en su libro: el 90% de estas fibras envía información desde el intestino al cerebro, y no en sentido contrario. Por eso el buen funcionamiento del segundo cerebro puede mejorar el rendimiento del primero.

 Tener una buenos hábitos alimenticios parece que traspasa el beneficio de la estética y la salud de nuestro físico, sino que el mental también.

 

Los sentimientos florecen desde las entrañas

Haciendo un breve resumen de todo lo anterior, parece ser que el intestino toma decisiones y utiliza en su funcionamiento circuitos complejos como sólo existen en el cerebro. No se conocen las razones por las que el sistema nervioso entérico se trastorna, pero las emociones pueden desempeñar un papel fundamental.

digestivoA modo de ejemplo nos cuentan que casi todos los pacientes con síndrome de colon irritable se quejan de problemas mentales y emocionales. Y en el cáncer de colon, cada vez más extendido, los factores ambientales son cruciales, el estrés de la ciudad, de conducir, el ruido, la contaminación…

En fin, que aunque no podamos cambiar todos esos factores externos, sí podemos cuidar nuestro intestino comiendo bien y vigilando las cantidades, por ello en Fisioterapia siempre aconsejamos la visita de un profesional de la alimentación, acudir al dietista, si es que no se tiene control sobre estos temas tan importantes en nuestra vida y salud.

 

¿Podrían ser las microbacterias los protagonistas?

Asumir riesgos, recordar mejor, cambiar nuestro estado de ánimo, miedo, tristeza… Son sólo algunas de las cosas que controla nuestro estómago, por encima de nuestra mente que emerge del cerebro. Todo apunta que las bacterias que habitan en nuestros intestinos podrían ser capaces de manipular nuestras emociones a su conveniencia.

Es algo que probó en un experimento un equipo dirigido por Lukas Van Oudenhove, de la Universidad de Leuven, al inyectar ácidos grasos en el estómago de los sujetos. Ello hizo que los sujetos se vieran menos afectados a la exposición de música triste y rostros tristes.

Por lo tanto, ya hay indicios de que nuestro estado de ánimo y nuestras emociones pueden verse influidas por las microbacterias que habitan en el intestino. En otras palabras: los probióticos, como los yogures frescos o el kéfir, podrían ser utilizados para tratar enfermedades psiquiátricas, no sólo gastrointestinales.

Y, más recientemente, estudios realizado con ratones, sugieren que las bacterias colonizan el intestino en los días siguientes al nacimiento, y al parecer influyen en el comportamiento mediante la inducción de cambios en la expresión de ciertos genes. Faltan todavía hacer pruebas en humanos, pero no hay razón para no pensar que exista una relación semejante entre microbiota y cerebro.

 

En Centro Fisioterapia Torremolinos, estamos muy interesados en las nuevas investigaciones sobre la mayor maquinaria del universo. Nuestro cuerpo. Seguiremos subiendo artículos tan interesantes como este.

 

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